jueves, 11 de octubre de 2012

LITERATURA DE LA EPOCA CONTEMPORANEA

La poca contemporánea inicio en 1789, con la revolución francesa, que provoco la caída del antiguo régimen existente en Europa y abrir el camino a nuevas formas de organización política y social.
Aparte de la revolución francesa, contribuyo al surgimiento de la civilización contemporánea; la revolución de las colonias inglesas de América del norte, de la que resulto un país independiente, los Estados Unidos de régimen republicano y federal, y la revolución de las colonias de España y Portugal, cuyo triunfo provocó el surgimiento de varios estados independientes; estos adoptaron régimen republicano.
A partir de esto la vida social   se distinguían tres órdenes o clases las cuales fueron El clero, La nobleza   y El tercer estado.
En este caso el clero era una de las clases sociales privilegiadas, ejercía una real influencia, no pagaba impuestos, pero hacia donativos a la corona. La nobleza era el otro sector privilegiado, pues posean tierras de semejante importancia y sólo pagaban impuestos en casos especiales. En el tercer estado se distinguen distintas categorías, la superior era la burguesa y la inferior la constituían los obreros y campesinos.
A tal efecto Cuando Cambia el mundo, con ella se van incrementando nuevas generaciones, donde la Literatura no se escapa, la literatura no se transforma, porque siempre es cambiante. Y se comete el error de emplear la palabra “transformación”, más correcta sería “renovación”, se va renovando con el tiempo, con la década, con el contexto y hace de esos medios su propio recurso.
En enfoque a lo anterior   la literatura contemporánea engloba la creación literaria “occidental” fundada   en Europa y América durante la Edad Contemporánea, es decir, a partir de la época de las revoluciones tanto la Americana como la Francesa. .






 Literatura contemporánea. Una sistemática de los supuestos literarios del s. XX será poco menos que imposible. El agudizado sentido de lo individual ha roto con los moldes tradicionales de las escuelas y si establecemos distintas etapas en el desarrollo literario y hablamos de movimientos, se hará por razones puramente metodológicas, en ningún modo científicas. Ante todo hay que establecer unos límites cronológicos lo suficientemente amplios. A lo largo de nuestro siglo se perfilan tres etapas. La primera, nacida a finales del s. XIX, prolongará sus supuestos por lo menos hasta la guerra del 14, La segunda, manifestada a lo largo de los años de la guerra, vivirá con pujanza durante el periodo de entreguerras. En verdad, la E. C. comenzará con esta etapa. Finalmente, la tercera, surgida como consecuencia de la II Guerra mundial, la estamos viviendo afanosamente en busca de una serenidad que ponga un poco de orden en el caos actual. 

      Primera etapa. Moviéndonos en un campo literario, percibiremos cuatro grandes influjos que romperán los supuestos decimonónicos. El teatro ibseniano (v. IBSEN), fundamentalmente ideológico, abrió una panorámica inmensa, no sólo a los dramaturgos, sino a todo tipo de creadores literarios. Acostumbrados los escritores al círculo cerrado de unas escuelas estéticas en exceso normativas, se encontraron de pronto con un mundo que, sin dejar de ser humano, rompía con el gregarismo. A partir de Ibsen, el problema del hombre, su realidad y su destino, serán los motores de un nuevo impulso. El individuo, celoso de su libertad, romperá los moldes de una moral caduca y de una sociedad vieja y anquilosada. El hombre símbolo de un mundo nuevo que se juzgará mejor, irrumpirá de las manos de Ibsen y de Strindberg (v.) y asombrará a los intelectuales y públicos de Europa. Un larvado pesimismo venía a sustituir a la inconsciencia del realismo costumbrista (v. COSTUMBRISMO). Poco a poco, poderosas pasiones individuales, rebeldía y oscuros problemas, ensombrecerán la producción literaria integral de fines del s. XIX. 

      La novelística rusa (v. RUSIA VIII) aportó variadas innovaciones técnicas y temáticas. Ante todo una capacidad analítica asombrosa. El mundo de lo psíquico se abrió como panorámica desconocida e insondable. Si unimos a lo dicho la influencia de las teorías freudianas (v. FREUD), podemos explicarnos gran parte del mundo de complejos a que nos tiene acostumbrados la narrativa actual. Los grandes maestros rusos trataron de reformar con sus descripciones dolorosas y amargas a toda una sociedad decadente. Su humanitarismo contribuyó también a centrar toda la atención en un deseo de reformas sociales y a situar en el centro de la novela al hombre con toda su complejidad. De F. Dostoievski (v.) aprendimos una nueva dimensión para captar lo psicológico. Aplicando una técnica minuciosa, casi de tempo lento, el autor ruso ahondó en los abismos del alma humana y llegó a profundidades donde lo irracional se confundía con lo lógico. Un mundo de insondables misterios se abrió de pronto y si en él fue producto de una vida desgarrada, en sus lectores e imitadores produjo la extraña sensación de estar encarándose con algo desconocido. Apareció así la problemática de la condición humana. Por su parte, L. Tolstoi (v.) aportó un nuevo concepto de equidad social mezclado con intensos remordimientos espirituales. Un nuevo misticismo irrumpirá en la literatura fin de siglo y en parte a él se debe. En un segundo plano quedaría la huella del monotonismo pesimista de 

      A. Chejov (v.). La narrativa rusa fue un revulsivo necesario, impulsora de inmensos horizontes. 

      Tampoco podemos desconocer los influjos ejercidos por F. Nietzsche (v.) y 5. Kierkegaard (v.). El primero, en sus reiterados ataques a la burguesía decimonónica, creó un nuevo tipo de hombre, producto de una poderosa voluntad dirigida al asalto del poder. Su concepto del superhombre ilusionará a las mentes de muchos soñadores y condicionará aspectos muy importantes de la vida de nuestro siglo. Su falta de respeto a toda moral estable coincidirá con la actitud ibseniana y ayudará a reforzarla. La presencia del segundo, se traducirá en una tensión existencial, la cual conducirá a una profunda revisión de valores humanos considerados inamovibles. Su influjo, sin embargo, lo será a más largo plazo e inundará el campo del pensamiento para pasar después al literario. 

      Réstanos hablar de la presencia del simbolismo (v.) francés. La nueva escuela lírica, en una prodigiosa renovación de la materia poética, conducirá por derroteros desconocidos a toda la poesía fin de siglo. La musicalidad vivirá en la entraña del poema. Los contornos parnasianos se difuminarán hasta hacerse más aéreos e impalpables. La intuición del creador pasará a un primer plano y un mundo de ensueño, en muchas ocasiones ilógico, teñirá los poemas de una suave nostalgia. Nacerá una nueva belleza muy distinta de la anterior. La estética simbolista terminará por imponerse a la naturalista y a la parnasiana. El genio del creador buscará asociaciones nuevas en un intento de sugerirnos cosas; no importa que la asociación produzca una ruptura en la sintaxis lógica de las palabras. Las nuevas asociaciones serán más veraces e íntimas. Nacerá así el entorno poético, una especie de clímax numinoso que envolverá al lector. Se logrará a través de símbolos audaces, los cuales llevarán hacia lo misterioso. Ha aparecido el hermetismo (v.) poético precursor inmediato de todos los movimientos de vanguardia (v. VANGUARDISMO; TEATRO 

      DE VANGUARDIA). 

      Segunda etapa. La segunda etapa será profundamente bulliciosa. Las crisis espiritual, humana, política y social que abarcan el quehacer del hombre invadirán el campo del arte. La literatura no podía estar ausente. Los creadores literarios se lanzaron a experiencias nuevas, atrevidas y efímeras. Tras el comodín de lo vanguardista, se ocultaron movimientos, en su inmensa mayoría subjetivos, y que adoptaron nombres de lo más sonoro y vacío. La literatura se llenó de expresionismo (v.), futurismo (v.), dadaísmo (v. BRETON), creacionismo (v.), ultraísmo (v.), siendo el más afortunado y constructivo, el surrealismo (v.). Esta última forma tomó carta de naturaleza cuando A. Breton lanzó el primer Manifiesto (1924). Surgió como un sistema cerrado e integral; su desmedida ambición pretendió explicar el mundo en su totalidad. Para ello, desdeñó el criterio racional, lo lógico, y buceó, en aras de un rabioso subjetivismo, en la parte irracional del hombre, en todo aquello que estuviera al margen de la lógica. 

      El artista ahondó en el mundo de su propio subconsciente, se dejó llevar del instinto y el caos invadió todos los géneros literarios tradicionales que siguieron conservando su nombre por pura inercia. La novela eliminó la anécdota, se hizo intelectual, profundizó en lo psicológico y descubrió las técnicas de tempo lento y monólogo interior. Se descoyuntó la sintaxis, se eliminaron diálogos y se ha llegado hasta el extremo de que sus límites rozan el campo del ensayo, de la lírica y del teatro. La poesía, desprovista también de anécdota, de rima y en numerosas ocasiones hasta de ritmo, se redujo a una extraña asociación de metáforas audaces y novedosas tras las que se ocultaron muchos poetas ineptos. El teatro sufrió una transformación radical; ganó posibilidades escénicas pero se intelectualizó en demasía. Al parecer los dramaturgos, en su afán innovador, intentaron reivindicar a la persona humana en detrimento de otros elementos considerados como tradicionales. 

      No debemos olvidar la benéfica influencia que en un vasto sector de intelectuales ejerció la poderosa personalidad literaria del hindú Rabindranath Thakur (en inglés Tagore, v.). Su asombrosa capacidad creadora de estados de ánimo, el aliento lírico y místico de sus páginas, animó a muchos poetas, entre otros J. R. Jiménez (v.) a liberarse de la tiranía de los «ismos». El espíritu del Lejano Oriente fue mejor comprendido entre los occidentales a través de la difusión de las obras, tanto de Pearl Buck (n. 1892) como del chino Lin Yu Tang. 

      La alegre inconsciencia de los años 20 sufrió una estremecedora sacudida con la II Guerra mundial y un nuevo sentido de la vida se impuso por imperiosa necesidad. Había comenzado la tercera etapa a que aludíamos al principio del presente artículo (v. GEORGIANOS, POETAS). 

      Tercera etapa. Durante más de una década, la huella de la posguerra se dejó sentir con hondo dramatismo y las corrientes existenciales sacudieron las conciencias aletargadas. Fue la época de J. P. Sartre (v.); sus postulados y principios invadieron el campo de la literatura. Se impuso una visión aterradoramente pesimista de la vida y lo existencial o desarraigado lo invadió todo 

      (v. BEAT, MOVIMIENTO). Aparecieron novelas, poemarios. dramas, ensayos, en cuya entraña latía una angustia sin esperanza. La influencia de la narrativa norteamericana (v. FAULKNER, v.) o del nouveau roman (v.) se hizo avasalladora. El teatro intelectual y deshumanizado, pero desgarrador, de norteamericanos, franceses y nacionalizados galos marcó una pauta a seguir. La lírica vivió unos años de desenfrenada libertad hasta caer en la sima del más espantoso prosaísmo. Junto a los nuevos valores convivieron los maestros, los escritores innovadores en su tiempo y hoy ya tradicionales, Ellos supusieron una garantía y una vuelta a cauces más serenos y equilibrados. La literatura de esta última época, difícilmente se deja etiquetar; cada escritor siente el mundo, su mundo, de muy distinta manera y tiende a expresarlo con medios propios. Habrá coincidencia temática. El hombre, la conciencia, la política, lo social, la guerra, la desesperanza, la soledad, la muerte e inclusive Dios, serán los tópicos reiterados hasta la saciedad. La búsqueda de la propia personalidad, profundizando en cada yo, será el resultado final. 
 
      Los ánimos se apaciguaron y camino de la década de los 60, el ancho río de la literatura encontró un mundo mejor y unos modos más asequibles. La «inmensa mayoría» comenzó a tener cabida en las obras literarias. Habían nacido el nuevo realismo, el nuevo humanismo, las corrientes sociales. Se volvía, en parte, a lo eterno del arte incorporando todo lo bueno de las experiencias anteriores. Si echamos una ojeada a la panorámica actual del mundo literario nos daremos cuenta de las innovaciones técnicas sufridas por la narrativa. Los poderosos medios audiovisuales y de difusión la han afectado profundamente. Creo que estamos viviendo el final del camino abierto por Marcel Proust (v.) y es muy posible que la riquísima y vital narrativa hispanoamericana abra nuevos cauces, no sólo a la novela española sino a la mundial. El teatro ensaya y experimenta técnicas cada vez más audaces (teatro-café, teatro pánico). Sus resultados parecen dudosos o por lo menos inciertos. La poesía, liberada hoy de la carga política y social de ciertos líricos redentores de masas, vuelve sus ojos a lo eterno e inmutable, a lo esencial del misterio poético. Dios y el hombre en sus insondables interrelaciones, el amor y el dolor, la vida y la muerte, vuelven a estar en la entraña del poema. Es prematuro sentar una opinión definitiva sobre cómo será la literatura del futuro; ni siquiera sabemos qué se proponen los escritores actuales. De una cosa sí podemos estar seguros. Toda obra literaria, de hoy y de siempre, en cuya esencia esté lo eternamente humano, nos hará sentirnos más solidarios y mejores.


8 comentarios:

  1. Buena introducción, esta bien argumentado. Un interesante tema. Me gusta Como la información, es mas fácil entender el tema.

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  2. Gran forma de explicar el tema, es muy fácil si comprensión

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  3. Me gusta tu Blog, tiene mucha información valiosa para poder entender muy bien el tema.......

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  4. Me Parecio Muy Buena Redaccion Lo explicaste Muy Bien
    Buena Arguementacion (Y)

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  5. visto oct 18 recuerda seguir instrucciones

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